Calle sombría 

   Richard se levantó todo sudoroso aquella mañana. En toda la noche apenas pudo conciliar el sueño a causa de aquella inesperada y maliciosa llamada. No podía recordar la voz. El nombre de la calle flotaba en su mente sin ir a la deriva, tambaleándose de un lado a otro en su cerebro, pero sin hundirse, era como si navegara en un pequeño barco por esas aguas de un mar inmenso, era su océano y en él estaba esa barca a punto de hundirse, o no. Todo dependía ahora de ese nombre. 
   Y ahora esa embarcación llena de sueños, de ilusiones y de esperanzas, se convirtió en una canoa destartalada y hasta podía decirse inútil. Estaba bloqueado y recorría las calles con las pisadas de un verdadero zombi. No era el de siempre, en su intelecto solo existía una gran masa de agua y en el mismo centro completamente desolado, se encontraba subido en lo que quedaba de aquél bote ya medio hundido por las imágenes que no existían todavía, todo era fruto quizás de su imaginación.
    ¿Lo soñó la noche anterior? Se pellizcó un brazo para comprobar si estaba despierto o andaba entre el sueño devastador de una llamada existente ocurrida dentro de su pesadilla.
    -No es ninguna alucinación, la llamada fue real. Oí sus palabras concretas, calle sombría, calle sombría se repetía una y otra vez.

   Camino de la universidad se detuvo ante el “café la rueda” miró detenidamente ese nombre.
    -Lo que me faltaba justamente ahora. Voy a entrar y que sea lo que Dios quiera.
    Se sentó en un taburete de la barra; todavía notaba sudor en su frente.
    -Buenos días. -le dijo el camarero.
   -Buenos días, quisiera desayunar. -dijo Richard.
    -Bien, le traeré la carta, elija lo que más le venga de gusto.
    -Gracias. –dijo. -y pensó: ¿Lo que me venga de gusto? Matar a ese hijo de puta, eso es lo que me viene de gusto.
   El camarero le entregó la carta y pidió el completo, sabía que le esperaba una jornada intensa con esos jóvenes incansables; le iría bien estar con ellos, distraerse si es que podía llegar a olvidarse aunque fuera por unas horas de aquella macabra llamada. Y sin pensarlo dos veces sacó el móvil de su bolsillo y marcó el número de Anne. 919560754, esperó unos segundos y no hubo respuesta, volvió a marcar y tampoco. Lo hizo 5 veces hasta que desistió.
    -Qué raro Anne no contesta, ya debe estar en esos almacenes, ¿Le habrá pasado algo?, ella siempre es muy puntual, y más en el trabajo, joder, joder .Contesta Anne, contesta, por Dios, ¿Qué te ha pasado?
   Ya era casi la hora de sus clases en la universidad San Germain, así que no insistió más y sus pies le condujeron hasta la misma puerta. Se dirigió al aula número tres donde daría la clase de alemán; cuando entró, su semblante daba mucho que desear y esos chicos no son ya tan tontos, se percataron enseguida que le ocurría alguna cosa pero mantuvieron la boca cerrada, tan solo se limitaron a observarlo.

   A media mañana volvió a llamar a Anne y tampoco respondió, empezaba a estar ya intranquilo. La preocupación que tenía por ella iba en aumento y él estaba demasiado nervioso para continuar las clases, sin embargo su obligación como profesor era seguir. A última hora de esa mañana los chicos tenían que hacer un examen oral de francés, lecciones del tema 1 al 5; algunos de ellos eran hijos de papá y naturalmente actuaban como tal, su vida parecía estar solucionada más que por sus propios méritos, por la influencia o el dominio de sus padres, aprovechándose de su situación económica.
   Mala situación para Richard, no estaba en condiciones de oír sus simplezas, y menos hoy sabiendo que a las 19 h. debería acudir a esa calle siniestra. El examen finalizó y fueron saliendo de la clase, se apresuró a coger su móvil de la chaqueta para volver a llamar a Anne. Marcó otra vez el número, volvió a esperar unos segundos… no oía su voz.
    -Esto es increíble, inaudito, se pasa de lo normal. -dijo Richard, casi gritando. -He de hacer algo ya.

   Salió a la calle en busca de un taxi para llegar antes a los almacenes Robbins y preguntar por Anne. -Lléveme a la calle del reno, almacenes Robbins, por favor apresúrese.
   -Bien señor, enseguida llegaremos aunque a esta hora hay tráfico. -dijo el taxista.
   -Haga lo que pueda pero ya, tengo que localizar a una persona que debe de estar en apuros, no sé lo que me digo, perdone.
   -Tranquilo no pasa nada haré lo que pueda, iré por esta calle a la derecha, parece que hay menos vehículos
   -Sí, sí, usted mismo.
   Lo dejó en la misma puerta y salió de un brinco del taxi. Al entrar tuvo un tropiezo con una pareja que salía de allí, fue directamente a preguntar a un guardia de seguridad. 
   -Perdone, busco a Anne, Anne colé, ¿puede decirme en qué planta está?
    -En la quinta, puerta número 2 señor. -le dijo.
    -Gracias. -le respondió mientras iba a toda mecha hacia el ascensor.
    Llegó a la planta y corrió hacia su despacho, ni siquiera llamó a la puerta. Entró sin más, no podía perder el tiempo con los protocolos, la sorpresa fue que no encontró a nadie allí dentro, entonces se dirigió a dirección.
    -Toc, toc.

         Nati  Regàs 

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Responses

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  1. Hola Nati, una acotación. Yo escribiría: por la aguas de un mar inmenso. También puedes prescindir del primer todo. Es decir: “Richard se levantó sudoroso aquella mañana. En toda la noche… Seguimos.

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