El Cine, la Literatura y las ganas de amar

Ray Bolívar 

Cuando leo nadie me persigue, soy yo el que está persiguiendo, persiguiendo a Dios…

Empezó cuando era pequeño y todavía sigue ahí, expectante, como si la vida fuera un sueño que debemos mirar a través del cáliz de la Literatura o del Cine. Desde entonces me asedia la misma pregunta. ¿Cuál es el sentido de la Literatura y de la vida? En medio de tanta soledad mal entendida, de tanto ir y venir a hurtadillas, en hombros de la verdad o abrazado por la mentira, a veces solo nos queda el arte como único medio de salvación, el arte como bandera para vivir y amar.

El rigor de la vida

La conocí apenas con quince años. Se llamaba Holly Golightly y desde el primer instante me enamoré de ella. Fumaba con un descaro despampanante, tocaba el Ukelele amparada por una tristeza comparable a la de las grandes almas que han sufrido el rigor de la vida, almas libres que no soportan ser atadas y cuya única aspiración es la autenticidad, pagar el precio de la autenticidad.

El gusto por las palabras

Nunca tuve la oportunidad de conocer en persona a Holly Golightly ni a Truman Capote, pero algo de ellos dos sí quedó plasmado en mí para siempre y desde entonces se niega a morir. Tal vez se trate del gusto por las palabras, la profunda emoción que me embarga cuando escucho Moon River o simplemente el placer que experimento cada vez que me encuentro ante una obra hermosa y conmovedora como Quo Vadis, Cometas en el Cielo, o Entre la Razón y la Locura; una excelente obra matizada por las actuaciones de un Mel Gibson redimido, cuya contención le otorga dimensiones y matices poco apreciados en su trabajo anterior.

Entre la Razón y la Locura

El talento de Sean Penn reverdece y es pasto de las llamas, su mirada nos asedia a cada instante, en cada momento nos tortura su deseo de amar, las ganas de vivir, el asedio incesante de su locura lúcida; una locura capaz de convertir el odio más profundo en amor. Un hecho de por sí inaudito y tan necesario en nuestros tiempos como la vida misma.

Naufragar de arte en el siglo XXI

Tal vez la Literatura en sí misma sea el verdadero naufragio, o alguien nos lee y nos piensa; ¿será posible que alguien entreteja nuestras vidas a voluntad y seamos marionetas?, meras marionetas de las modas y las tendencias, del feminismo trasnochado y burlón que considera legítimo atacar al hombre per se, y detrás de ellos los aprovechados, los oportunistas de siempre a la caza de oportunidades ligeras para triunfar esgrimiendo argumentos falaces, son ellos los que se suben a la carroza de lo fácil, de lo políticamente correcto y permitido, como si el problema fuera tan sencillo y bastara con la alharaca.

De todas estas naves que arden en el siglo XXI lo único que se salva es el Arte y entre ellas prefiero a la Literatura por su profundo carácter humanista y su enorme influencia educativa. De todos estos exabruptos, del dolor y la tristeza, del amor y el desamor, lo único que nos mantiene profundamente unidos y poderosos es el Arte.

Pasarán las modas y los altercados, los políticos maldicientes, los tiranos; también pasará nuestra época y nuestro tiempo. Es posible que nunca encontremos personas extraordinarias como Holly Golightly o William Minor, el personaje que encarna Sean Peen en Entre la Razón y la Locura, o puede que sí. Sin embargo, siempre tendremos la libertad de elegir un buen libro y adornar nuestra vida con la belleza y la verdad presentes en una hermosa historia.

El día del libro y el tiempo de los malditos

Hoy es el día del libro, hónralo con amor y devoción porque el verdadero poder de los seres humanos reside en su capacidad de amar y superar obstáculos, porque cuando hayamos perdido el rumbo y estemos perdidos los libros siempre estarán ahí esperando su tiempo, el tiempo de los malditos para salvar nuestra alma de la soledad y la tristeza y a veces, de nosotros mismos.

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