El despertar de un sentimiento

A las 12h del mediodía del 9 de diciembre, el taxi aparcó justo en la puerta del edificio de estilo neoclásico, donde me estaba esperando el famoso director de cine. Pagué al taxista y me dirigí hacia la puerta principal. Estaba un poco nerviosa, que digo nerviosa, excitada, esa era la palabra; había conseguido una cita con Albert, y dentro de unos minutos estaría de nuevo a su lado, lo cierto es que siempre es un placer trabajar para él aunque a veces su carácter te distorsiona la realidad.

Me dirigí al sótano y pulsé el timbre de la puerta, a los pocos segundos se abrió y un chico muy apuesto me dijo: ¿La señorita Iliana? -Sí. -le respondí. -nuestras miradas se cruzaron.

-La estábamos esperando, pase por favor. –me dijo.

-Gracias. –le respondí.

Entramos y me dirigí hacia Albert para saludarlo, La sala estaba repleta de gente. Se podía apreciar una agradable melodía de fondo, iba observando a los allí presentes, vestidos con una elegancia exquisita a la espera de encontrarme con Bett, mi gran compañera de escenarios y sobre todo mi amiga, y por fin la vi, la abracé y le susurré al oído: -otra vez juntas.

Alguien dio dos golpecitos en mi espalda y me giré; era él, el chico de la puerta, sus ojos verdes me cautivaron, era alto, moreno y con una sonrisa que enamoraba.

-Hola de nuevo Iliana, ¿Qué te parece esta reunión, es todo una fiesta verdad?

-Hola, ¿tu nombre es?

-Frank, y estoy encantado de conocerte en persona, he seguido toda tu trayectoria y me parece fantástica, estás realizando un excelente trabajo como actriz, eres genial.

Su mirada se filtró en la mía unos segundos, y percibí en mi cuerpo un escalofrió que me gustó, nos dimos dos besos en la mejilla y volvió a mirarme, esta vez sus ojos brillaban y transmitían en silencio las palabras que no se atrevía a decir, yo sentí algo parecido y con mi atrevimiento le pregunté si sabía algo de los misterios que se produjeron allí hace muchos años, él me contestó que sí.

-Espérame Frank ahora vengo. -le dije. –mientras iba hacia Bett, que me hizo una señal con el brazo.

-¿Qué pasa Iliana, quién es ese chico tan guapo?

-Es Frank, a qué es un encanto? Voy a salir un momento con él, si preguntan por mí di que he ido al servicio, luego te cuento los detalles.

Me apresuré para coger la mano de Frank y salimos de la sala un momento. Cuando llegamos al ascensor pulsé el botón de la quinta planta, es allí donde ocurrieron algunos de los hechos inexplicables. Los botones del ascensor marcaron la primera planta y él se abalanzó a mis brazos para besarme, no le dije nada, simplemente le correspondí con otro beso. El ascensor se paró en la planta indicada, estaba vacía, caminamos por el pasillo con mucho sigilo a la espera de encontrar algún rastro de cualquier cosa, miré por el suelo, por las paredes e incluso por el techo, nada, ninguna pista; de golpe nos quedamos a oscuras, y pude ver una luz que reflejaba una silueta caminando. Me asusté y apreté la mano de Frank con fuerza. Cerré los ojos, él me besó de nuevo y al abrirlos aquello que no sé lo que era desapareció. Fuimos corriendo de vuelta al ascensor para dirigirnos al sótano antes de que los demás se dieran cuenta de nuestra ausencia. Llegamos un poco sofocados. Puse la mano en el pomo de la puerta para abrirla y noté la suya encima de la mía. Nos miramos y otro beso acarició mis labios. La puerta se abrió y Bett estaba allí como esperando mi llegada.

-Tardabas mucho Iliana, Albert va a decir unas palabras sobre el proyecto que tiene entre manos, daros prisa por favor, que no note que habéis salido. ¿Dónde habéis ido?

–Enseguida te lo cuento todo. –respiré profundamente y nos pusimos enfrente de nuestro director para escuchar lo que nos iba a decir. Nos explicó de qué manera, cómo y lugares de las escenas de la filmación, el papel de los actores y actrices principales, los secundarios, los extras, todo lo contó con exactitud y seguridad.

-Bueno Bett, ¿estás preparada? –le dije. He visto algo terrorífico, pero eso no es todo.

¿Cómo dices? –me dijo un poco alterada.

-Me he enamorado.

Iliana, ¿Qué ha pasado allí afuera?

La reunión terminó más tarde de lo acordado y Frank me rodeó la cintura con su mano cálida, para dirigirnos al restaurante de la gran avenida dejando para otro día ese misterio sin resolver.

Recomendada1recomendaciónPublicado en Historias para ser contadas

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