El reto de ser un escritor Indie

El reto de ser un escritor Indie

Ray Bolívar 

A pocos días de lanzar El pecado y la gloria reflexiono sobre el oficio de escritor, mi experiencia como creador y los tragos dulces y amargos por los que atravesamos los autores Indie y el esfuerzo que supone para los narradores publicar su obra. Si te vas a enamorar de la escritura debes saber que es una amante exigente.

La decisión de ser escritor

Ante esta pregunta Charles Bukowski me miraría de reojo, con un gesto de burla o de desprecio. Lo imagino riéndose de mis pretensiones literarias, con un puro encendido en la diestra y echando volutas de humo; mientras el calor de la tarde amenaza con achicharrarnos el creador del gran Chinaski “ese antihéroe, borracho empedernido y pendenciero” dejaría caer una frase lapidaria sobre mis huesos antes de irse.

–¿De qué vas tío? –Eso sería todo. Para Bukwoski “si no te sale ardiendo de dentro, no deberías escribir, si es para meter mujeres en la cama, por fama o por dinero, no deberías escribir”.

La pasión por la escritura

Muy a mi pesar, reúno todas las condiciones para darle la espalda a la pluma. De los dieciséis a los veinte escribí para alcanzar la fama y también un poco de dinero. Me despertaba a las cinco de la madrugada, a veces a las tres porque me asediaban las historias, una detrás de otra, como si tuvieran la necesidad “rabiosa” de expresarse. Recuerdo a mi madre sorprendida y preocupada porque era el primero en despertar y el último en acostarme.

el pecado y la gloria novela

Mi primera novela

A los veintidós años, después de siete años jugando a hilvanar historias sin éxito escribí un relato medianamente decente que publiqué en formato ebook porque en Cuba publicar era algo así como vivir La odisea con matices de El castillo. No importaba la calidad de la obra, ni lo que uno tuviera que decir. Estoy hablando del final de la década de los noventa o puede que fuera el año 2000. No estoy seguro. Un grupo de amigos nos reuníamos a debatir de Literatura y Arte en el malecón con una botella de ron porque no teníamos absenta y tampoco nos hacía falta. 

El milagro de Internet y las puertas del paraíso 

En aquellos años, por rara que parezca esta afirmación, el Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso proporcionaba acceso a Internet gratuito a las jóvenes promesas de la literatura cubana. El acceso y las condiciones, también debo decirlo, eran excelentes. Disponíamos de una habitación climatizada con 5 o 6 ordenadores. Uno aterrizaba huyendo del calor tremendo que sofoca a la isla sin piedad, sediento, exhausto, con dos kilos menos y empapado en sudor; tras un viaje de una hora y media en camello, una especie de camión-autobús diseñado para atormentar a la gente. Entonces ocurría el milagro, de repente se abrían las puertas del paraíso y tenías acceso a Internet sin restricciones y con una calidad máxima.

El inicio del calvario

Recuerdo que ahí empezó mi calvario. Un día, mientras navegaba por Internet tuve la suerte de encontrar una editorial online radicada en Argentina. Amazon no tenía, ni por asomo, la fuerza que ostenta en nuestros días. De hecho, no la conocía o al menos no la recuerdo. Pero el mensaje de esta editorial online sí me llamó la atención porque aparecía en varios medios digitales. Las críticas eran tan buenas que me embarqué en la aventura. El único problema era el dinero. La publicación de la obra costaba 100 dólares.

Cómo conseguir 100 dólares para publicar un libro online 

En la Cuba del año 2000 estar en posesión de 100 dólares equivalía a una pequeña fortuna. El salario medio era de 12 dólares y la canasta básica rondaba los 60 – 80 dólares mensuales. Es decir, los 12 dólares se extinguían sin remedio el día 3, el resto del mes era imprescindible generar ingresos para cubrir la diferencia so pena de morir por sobrealimentación.

Con 22 años uno cree que puede comerse el mundo así que pasé el resto de la semana pensando en la manera de reunir los dichosos 100 dólares para publicar la novela online, porque claro, si la publicaba sería un éxito rotundo.

El cuento del éxito rotundo, risas y lágrimas 

 Por aquel entonces trabajaba como freelance. Atendía cerditos, perros, vacas. La mayoría de los animales se salvaban así que no era tan malo. Entonces se me ocurrió una idea que tampoco tiene nada del otro mundo, aumenté el precio de mis servicios un 50% de la noche a la mañana. Aun así era difícil, por no decir, muy difícil. Trabajaba de lunes a domingo. No tenía horario ni bandera. Al cabo de 6 o 7 meses reuní el dinero, pero ocurrió un imprevisto. En Cuba no existía y creo que todavía no existe, una manera de enviar dinero al extranjero.

Un obstáculo inesperado

Esa tarde regresé a casa triste. Pasé el resto de la tarde atendiendo animales y por la madrugada, mientras dormía, recordé de pronto que un pariente de Roberto del Monte radicado en Cuba tenía una hermana en Miami. Al día siguiente hice las gestiones y sí, podían enviar el dinero a Argentina desde Miami. La única condición era que debía pagar las tasas de la Western Union. Nada más y nada menos que el 40%. O sea, debía pagar en Cuba la cantidad de 140 dólares. Cuando me lo dijeron se me cayó el alma al suelo. Después de 6 meses de privaciones y trabajando al máximo había bajado 3 kilos, no era capaz de mantener por más tiempo el ritmo de trabajo, pero lo más estresante era pensar que no tenía una manera de conseguir 40 dólares, ¡otros 40 dólares!

Si no has vivido en Cuba creo que es difícil hacerse una idea del esfuerzo y el sacrificio que supone para una persona de a pie reunir en el año 2000, en Cuba, la cantidad de 100 dólares. Al final encontré una solución. No la mejor, pero la encontré. Pedí el dinero prestado.

La publicación del libro

El libro se publicó en septiembre del año 2000, se vendieron dos ejemplares y no ocurrió absolutamente nada. Fue un fracaso estrepitoso y una verdadera locura. Jamás cobré los derechos de autor y todavía circula por Internet la obrita. Me ha pasado más de una vez y me seguirá pasando. Supongo que el amor es así.

El reto de ser un escritor Indie 

Hoy en día todo es diferente. Mis pretensiones han bajado considerablemente. Con los años se atempera el carácter. A medida que se adquiere experiencia y madurez la vanidad y la soberbia se convierten en rezagos de la juventud. La popularidad es difícil de alcanzar y a veces nunca se consigue. Un día, en Madrid, conocí a un músico notable que me dio una gran lección. Me dijo que no importaba publicar, tampoco importaba el éxito, lo que de verdad importa es que ames tu arte y te entregues a él con devoción, la verdadera fiesta es escribir (el proceso), lo que de verdad importa es que con cada trabajo, con cada nueva entrega tengas la certeza de que esa obra es la mejor versión de ti mismo y un ejemplo de lo que estás dispuesto a dar al mundo.

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