La decisión

   Es un lunes cualquiera a las 5 de la tarde. Pero con la particularidad de ser un día especial para mí. A esta hora me veo con David en un hotel apartado de las miradas, “Nadie”.

Lo conocí en una biblioteca donde se explicaban los detalles de las jornadas literarias de primavera. Cuando la tertulia finalizó dejando buen sabor de boca, nos deleitaron con canapés y cava. Estaba hablando con Laura -la directora- cuando se acercó.

-Hola, muy interesante, ¿Cierto?

-¿Disculpe?

-Digo que ha sido una charla gratificante.

-Sí. Ahora ya sabemos lo que podremos ver esos días.

-Por cierto, soy David.

-Mucho gusto, me llamo Susana.

-¿Está interesado en ir?

-Por supuesto. Soy escritor en el anonimato, nadie conoce mi nombre, bueno no es cierto, ahora tú lo sabes.

-También escribo, estoy acabando una novela.

La conversación duró hasta el cierre y me propuso de vernos al día siguiente. No sé qué vio en mí pero me gustó la proposición.

Después de aquel día quedamos en el hotel de la ciudad, para disfrutar de las jornadas literarias. Fueron dos días de verdadero arte. Charlas, galerías, eventos, pero sobre todo esos momentos que vivimos sin ataduras de nada. El primer día hubo una cena de gala, acudieron muchos escritores famosos y algunos que por su nombre no eran conocidos, pero no por eso sin talento, simplemente les faltaba que alguien se fijara en ellos. El director del hotel anunció a todos los asistentes que en la sala continua estábamos invitados a escuchar a la orquesta “Arco iris”. Nos pareció genial un poco de baile. Mientras terminábamos el cava, David se puso meloso y muy cariñoso conmigo. Me gustó que lo hiciera, me hacía sentir bien. Lo miré a los ojos y levanté la copa para brindar. Él hizo lo mismo con la mirada pegada a mí. Sin decir nada me besó.

Todos iban saliendo del comedor. Me di cuenta que tan sólo quedábamos nosotros.

-¿Has visto que está vacío? –dije.

-No me he dado cuenta.

-¿Vamos?

-Sí. –me dijo. –con una gran sonrisa.

Al entrar en la sala buscamos un sitio para sentarnos. Al minuto se acercó uno de los camareros con un cóctel de bienvenida.

-Estoy muy bien contigo. –Me dijo.

-Y yo David. Eres una persona muy sensible y esto me gusta.

-¿Sabes una cosa? Nada, nada. Vamos a bailar.

Me dejó intrigada con esa pregunta. Me cogió de la mano para ir a la pista de baile. La orquesta tenía prevista su actuación hasta las 2 de la mañana. Me sentía atraída por él y el sentimiento era mutuo. Miré el reloj y nuestras miradas se cruzaron. No hizo falta una razón para subir a la habitación. Dijo: ¿La tuya o la mía? Le besé.

Nuestros cuerpos se unieron en uno. Podía percibir la sensualidad de sus abrazos, de sus besos y esas caricias en cada pliegue de mi piel. La delicadeza de sus dedos me enloquecía de placer. No sé hasta qué hora estuvimos en esa cama, en ese momento nada me importaba. Al despertar note sus labios en los míos, me sentía viva y muy feliz. Cuando fue a la ducha no pude resistir entrar y lo abracé mientras el agua se deslizaba por nuestros cuerpos.

A las seis de la tarde había una presentación de los libros de dos escritores en la biblioteca. Presentaron al primero, el Sr. Diego Cala, aplaudimos y empezó a contar su historia. No era conocido por eso estaba allí y nos dejó a todos asombrados. Presentaron al segundo, el Sr. David cruz. Se levantó tranquilamente, me miró y me besó. Me quedé sin palabras ante aquella situación, no me dijo nada en todo el tiempo que estuvimos juntos ¿Era una sorpresa? Realmente lo consiguió. Sus palabras eran claras y muy profesionales, empezó diciendo que era un escritor desconocido para mucha gente hasta hoy. “La decisión” era su segundo libro, le costó mucho escribirlo y cuando terminó dejó la pregunta en el aire: ¿Qué harías tú ante tal situación? Nos dejó a todos con la intriga. Hubo como en la mayoría de estos eventos, una copa de cava para los asistentes.

-David, no me dijiste nada de que presentabas tu segundo libro.

-No lo hice, ¿Me perdonas?

-Claro que sí, has estado genial, te felicito.

-Gracias Susana. Me has dado la fuerza que necesitaba en este momento.

-Disfrutemos del momento. Vamos a saludar a Diego Cala.

La biblioteca cerró a las nueve y fuimos dando un paseo hasta el hotel. Lo notaba angustiado por algo, hasta que dijo: he de contarte algo.

– ¿Qué pasa David?

-Hace un año mi mujer tuvo un accidente de coche. El conductor iba borracho, ya pagó el daño que hizo. A raíz de aquello sigue en el hospital con una tetraplejía, no puede mover los brazos ni las piernas. Intento sobrellevarlo pero hace un mes sus palabras me inquietaron.

-Acaba con esto, no puedo más. No quiero vivir en una cama. Por favor David te estoy suplicando que pongas fin a mi vida.

-No puedo hacerlo, cuidaré de ti.

-Quiero que seas feliz. –me dijo con lágrimas en los ojos.

Lo miré y lo abracé. Me dijo: me pongo en su lugar para comprenderla, ¿Querría yo lo mismo? Creo que sí, vivir así es morir despacio. Es una situación difícil, creo que hay que respetar su decisión, al fin y al cabo es su vida.

-Vamos al hotel. ¿Te parece bien?

-Sí. Gracias por escucharme.

Todo el trayecto anduvimos abrazados sin decir nada, estábamos viviendo algo nuevo y maravilloso con una decisión tremenda entre medio. Mientras cenábamos pensando en todo lo que me dijo, se acercó un señor con un traje muy elegante.

– ¿David Cruz?

-Sí.

-Soy el Sr. Álvarez. He estado en la biblioteca. El libro que ha publicado me intriga muchísimo. Lo he comprado ¿Me lo firmaría?

-Por supuesto. Espero que saque buenas conclusiones, es un tema muy humano.

-Muchísimas gracias. Estoy deseando leerlo.

Poco a poco fue desapareciendo esa tristeza invadida por Carla. Voy al servicio. Te espero en la cafetería. Quería saber más de todo aquello. Mantuvimos una conversación muy gratificante para ambos, sobre todo para él. Fue muy sincero conmigo al explicarme lo que sentía por mí. Ahora podía entender muchas cosas y como amaba a su mujer. Me estaba enamorando, ¿Lo estaba él? Sinceramente creo que sí. La respuesta a aquella pregunta no estaba en mis manos. El tiempo corre. tic tac.   

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