La elección del punto de vista en la ficción

La elección del punto de vista en la ficción

Ray Bolívar 

Se ha hablado mucho sobre el inicio y su papel en la novela. La mayoría de los investigadores están de acuerdo en afirmar que el inicio debe despertar la atención del lector y empujarlo a introducirse en la lectura, sin embargo, se ha hablado menos sobre el punto de vista elegido y su influencia en el inicio. Sin lugar a dudas, el punto de vista es uno de los elementos técnicos más importantes al narrar nuestra historia.

La elección del punto de vista en la ficción

Elegir el punto de vista está relacionado con la respiración de la historia. Precisamente esta es una de las primeras preguntas que debemos hacernos, ¿quién va a contar qué? Esto, por supuesto, nos ofrecerá el tono y contribuirá, en buena medida, el éxito o al fracaso en la elaboración de nuestra ficción.

Edgar Allan Poe y el punto de vista 

Edgar Allan Poe manejaba con extrema soltura esta técnica. Sus relatos destilan un ambiente soporífero que suele tornarse opresivo. En el Corazón Delator Poe elige un narrador personaje asediado por la neurosis que comete un asesinato. Todavía no se ha enfriado el cadáver cuando se presentan ante la puerta de su residencia tres gendarmes que alertados por un vecino, solicitan inspeccionar el lugar.

La distancia de la narración 

El narrador personaje nos conduce a través de la historia, nos hace partícipes de los razonamientos y dudas del protagonista. Titubeamos junto a él, somos testigos de su neurosis y en suma, asistimos al espectáculo de su vida narrada desde una perspectiva única. Precisamente esta perspectiva única le otorga al relato gran parte de su fuerza. Pero, detengámonos un instante y leamos un fragmento del relato.

“…Sin duda, debí de ponerme muy pálido, pero seguí hablando con creciente soltura y levantando mucho la voz. Empero, el sonido aumentaba… ¿y qué podía hacer yo? Era un resonar apagado y presuroso…, un sonido como el que podría hacer un reloj envuelto en algodón. Yo jadeaba, tratando de recobrar el aliento, y, sin embargo, los policías no habían oído nada. Hablé con mayor rapidez, con vehemencia, pero el sonido crecía continuamente…”.

Hagamos una prueba sencilla. Pasemos el narrador de primera a tercera persona. Quedaría más o menos así.

“…Sin duda, debió de ponerse muy pálido, pero siguió hablando con creciente soltura y levantando mucho la voz. Empero, el sonido aumentaba… ¿y qué podía hacer él? Era un resonar apagado y presuroso…, un sonido como el que podría hacer un reloj envuelto en algodón. El jadeaba, tratando de recobrar el aliento, y, sin embargo, los policías no habían oído nada. Habló con mayor rapidez, con vehemencia, pero el sonido crecía continuamente…”.

Lo primero que resulta afectado es la distancia de la narración. El narrador se aleja notablemente de los hechos narrados. En el ejemplo original se percibe la sensación de que los hechos están transcurriendo en este momento. El relato está narrado en un pasado inmediato, sin embargo, el vigor de la narración es tan poderoso que incluso renunciando a utilizar el tiempo presente, el lector es sumergido en un ambiente opresivo y por momentos, se llega a experimentar la sensación de que los hechos están ocurriendo ante nuestros ojos. Este es, con diferencia, uno de los mayores logros de la historia, la capacidad de dinamitar las estructuras sintácticas y de recrear, ante el lector, la ilusión de realidad.

En el segundo ejemplo notamos de inmediato que la distancia entre el lector y el espacio de lo narrado aumenta. El lector asume que la historia es contada por un narrador omnisciente que tiene el poder de saber lo que piensan los policías: “los policías no habían oído nada”.

Debilidad y fortaleza 

La fuerza de la ficción se debilita, en este caso, por el uso del narrador omnisciente. La perspectiva cambia de manera radical y disminuye, en cierta forma, la verosimilitud porque un relato escrito por un narrador-personaje con tintes autobiográficos suele ser más conmovedor e interesante que un relato contado por un narrador omnisciente que en sí mismo es un ente de ficción, no muy diferente del narrador-personaje, pero con la diferencia de que este último, sí puede ser real. La elección del narrador depende, como es lógico, de la historia narrada y de las intenciones del escritor.

El narrador personaje 

 El narrador personaje suele ser una excelente opción cuando contamos con una voz poderosa dispuesta a involucrar al lector en la ficción por sus convicciones, puntos de vista sobre un hecho o simplemente cuando nos interesa acercar el foco de lo narrado. La tercera persona, en cambio, nos remite a una distancia media.

Elegir el narrador apropiado antes de comenzar a escribir nuestra historia es uno de los primeros retos a los que debemos enfrentarnos. La fuerza y el vigor de lo que vendrá después estará marcado en buena medida por la pertinencia o no de esta elección.

En El asombroso viaje de PomponioFlato Eduardo Mendoza se decanta por la opción de la primera persona. Julia Navarro utiliza el mismo recurso técnico en Dime quién soy. En general, el narrador en primera persona suele ser el preferido para narrar el género negro o simplemente para posicionar el narrador junto al lector, su cercanía suele ser un estímulo suficiente para ganar al lector y persuadirlo de que se encuentra ante una historia extraordinaria.

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