Los colores de las palabras, reflexión para escritores impacientes

Los colores de las palabras, reflexión para escritores impacientes

Ray Bolívar 

Con los años, me he dado cuenta de que la vida es muy corta y los seres humanos muy impacientes. Tal vez prestamos demasiada atención a situaciones que en realidad deberíamos relegar al olvido. Luego están los Mass Media promoviendo un conjunto de características de la generación Milenial que, al menos a mí, me causan turbación.

Al parecer, la generación Milenial quiere las cosas para ayer. Además, los niños ahora hacen las cosas mucho mejor que los adultos. Es como si la experiencia no sirviera de nada o las canas nos convirtieran en entes desfasados. Este artículo es para los escritores impacientes que sueñan con quemar etapas y volar con alas plásticas sin tener en cuenta que el sol derrite todo.

Jóvenes impacientes  

 En realidad, la mayor parte de las veces tengo la sensación de que estoy viviendo en el absurdo, inmerso en una obra de Kafka o Beckett. No sé si la generación Milenial es impaciente, pero sí puedo asegurar que cuando era adolescente solía ser muy impaciente. Esta parece ser una característica de los jóvenes, al menos de los jóvenes que nacieron a partir de los años ochenta.

Con los años, y a fuerza de tragos amargos, logré poco a poco dominar a este corcel, pero a veces asoma la cabeza dispuesto a dar batalla. La madurez es un proceso lento y complejo. Nadie está inmunizado contra las bestias que nos asolan de cuando en cuando.

Quiero publicar a toda costa, ¡ya!, ¡urgente! ¡lo quiero! 

Publicar es hermoso, pero cuidado. No hay que apresurarse. Pensar y repensar nuestro trabajo suele ser muy recomendable. Sobre todo, si es tu primera obra. Todos los días se publican muchos libros en Amazon, alrededor de 2000. Mi pregunta es ¿qué queda de esos textos? ¿Superan la barrera de las 1000 copias vendidas? ¿Los autores consiguen la repercusión que necesitan? ¿La trama es sugerente y original? En realidad, ¿escribir de qué se trata? ¿Se trata de hornear un pastel o de añejar un vino? ¿Se trata de disfrutar la historia y enriquecerla o de atropellar la trama?

El vuelo del gato

Existen muchos tipos de libros, desde luego. Algunos se leen muy rápido. A veces el autor está tan concentrado en la peripecia de la historia que se olvida de lo más importante, el alma. Los grandes libros tienen alma y son inolvidables. Los escritores que conocen a profundidad el oficio saben que no se trata de hilvanar palabras o de construir párrafos correctamente. No es interpretar a Mozart con una técnica impecable sino trasmitir; articular un concepto poderoso que poco a poco se introduzca en el lector y le produzca una experiencia única.  

La técnica en función de la obra

Lo he dicho una y otra vez, la técnica debe ir en función de la obra. Esto lo aprendí de mis maestros. Si tienes pericia para crear grandes historias deberías ir más allá. A mi juicio, deberías crear una historia excepcional, una obra que suene como una ópera, que produzca vértigo y tensión, que obligue al lector a reír o a llorar, a desnudarse ante los protagonistas y a seguir con entusiasmo o pena cada paso, pero que conmueva.  

El aspecto semántico

Las frases bien construidas suelen resonar en los lectores, crean ecos que nacen y mueren en virtud de los protagonistas. Un folio bien escrito es como un amanecer cargado de nostalgia dispuesto a herir de amor a los lectores.

Los colores de las palabras, reflexión para escritores impacientes 

Las grandes obras no son predecibles, tampoco es posible ignorarlas, al menos no por mucho tiempo. A Kafka no pudieron ignorarlo, a Bukowski no pudieron ignorarlo, ni a Paulo Coelho, a Stephen King a Noah Gordon. Todos y cada uno de ellos, a su manera, recorren con elegancia y belleza el camino de la vida, reflejaron el espejo del alma, de su alma. Algunas de sus obras o una buena parte de su trabajo pasará a la posteridad. Asumo que en parte será debido a la paciencia.

No sé si merece la pena esforzarnos para que cien años después de morir se estudie nuestra obra en la universidad. Ahora, sí estoy convencido de que crear obras con alma es mucho más grande y hermoso que cualquier premio.

 Si eres escritor y sientes el deseo irresistible de publicar tu obra hazlo, publícala. Pero asegúrate de encontrar el color exacto de las palabras y de vestirlas con elegancia.

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