Los escritores y la competencia comunicativa parte II

Los escritores y la competencia comunicativa parte II

Ray Bolívar 

Dominar la competencia comunicativa por supuesto que no te convertirá en un escritor, pero estarás mucho más cerca de lograr tu sueño, el primer paso es saber hacer, (escribir correctamente) y mucho más importante que eso, comunicar; una habilidad exigente y difícil de conseguir. Esta es la segunda parte artículo de la semana pasada, el primero lo encontrarás en este enlace. Haz clic aquí.

La comunicación

En realidad, todo gira en torno a la comunicación. Los grandes oradores, las historias que reflejan el drama del ser humano en toda su profundidad y extensión tienen una característica que suele pasarse por alto, al menos no se menciona de manera explícita, quizá porque se da por hecho. Las obras que con el paso de los años se convierten en clásicos de la literatura poseen en sí mismas un gran poder de comunicación.

Los clásicos

El drama de Orestes, la maldición de Macbeth, la Ilíada de Homero, las Mil y una noches todas estas obras son capaces de captar la atención del lector y convencerlo para que continúe la lectura.

Los escritores que aspiren siguiera a acercarse a la calidad de estos trabajos necesitan dominar un sólido arsenal de recursos lingüísticos entre los que destaca, la competencia comunicativa “otra vez la dichosa competencia comunicativa, y así todo el rato”. Pero dejémonos de tanta cháchara y pongamos otro ejemplo, en este caso acudiré a un trabajo de Bardem.

¿Una historia?

–Sí Carlomonente. Algo fuerte.

–Sí, sí. Una de hostias. –El chico del pelo naranja parece excitado y un punto sanguinario–. Sí, sí, viejo, una de esas que te inventas de Nueva York y de por ahí.

Carlomonte los mira con pena. Si supieran, si le creyeran…

–¡Joder!, pa cosa buena la que me comentaron ayer en el tuto!

–Todos se giran para ver un entusiasmado chaval con una cara en la que compiten por el protagonismo varios piercings con otros tantos granos de pus–. Mirad hay un hombre en un bosque. Se va ahorcar. Cuando está ajustándose la cuerda al cuello llega una rana saltando, lo mira y le dice: “señor, señor, por favor espere, no se mate! ¡Tiene usted que hacerme un favor!”. El hombre…

–¿Es un chiste?

–El hombre mira a la rana asustado y dice: “no puede ser, estoy ya loco del todo, aquí a punto de morir y esta rana que me habla. ¡Ayúdame Dios mío!” Y la rana: “señor, señor, no se mate. Ayúdeme”. Total, que el tío se quita la cuerda del cuello y le pregunta desesperado a la rana que qué puede hacer él, que lo deje en paz, que se quiere matar. Entonces la rana le dice: “¡no espere!” Tiene usted que darme por culo. Estoy bajo un hechizo y sólo si me dan por culo volveré a ser una persona. “¡Por favor!” Bueno, el tío alucina, qué cómo va él a darle por culo, y la rana dale que te pego: “¡señor, por favor, sólo si me dan por culo, volveré a ser una persona!”. Total que el tío mira a su alrededor, no ve a nadie y dice que sí, que vale. Coge a la rana y le da por culo con toda su alma y ¡zass! la rana que se convierte en un niño de ocho años… ¡Y esa, señoría, es la versión de mi cliente!

Fragmento de Alacrán enamorado

Carlos Bardem

El análisis 

Este fragmento entiendo que es revelador. El lenguaje utilizado es coloquial, algunos términos como tuto se corresponden con la jerga de los personajes. El lector se enamora de este trabajo precisamente porque el autor hace gala de la competencia comunicativa. Con un lenguaje coloquial y recursos lingüísticos bien empleados es capaz de introducir al lector en la lectura de la obra y más importante que esto, le da un terrible mazazo, gana la partida por knock-out. Así que el lector no tiene más remedio que jugar con desventaja y adentrarse en el mundo de Bardem.

La anécdota 

Al final de la anécdota el lector recibe una desagradable sorpresa. Por supuesto que todo forma de un plan urdido por la mente maquiavélica del escritor, dirán algunos, para remover al lector. Después de esto es difícil quedar indiferente. El lector poco avispado de inmediato se sacudirá al polvo y prestará más atención a la lectura. El escritor ha conseguido engañarnos utilizando una estratagema que nos ha puesto en guardia. El texto no lo menciona, pero de inmediato construimos una historia (inferimos) a partir de esta frase: “¡Y esa, señoría, es la versión de mi cliente!”.

El poder de la pragmática 

La fortaleza de la oración anterior consiste en su capacidad de catapultarnos hacia una nueva historia. Las connotaciones sociales, éticas, la construcción (recreación particular de la situación) que cada lector hace de la situación convierte este fragmento en un excelente ejemplo del poder de la competencia comunicativa. El componente pragmático es una arma poderosa, bien utilizada es capaz de levantar ronchas en el lector y provocar en la sociedad un verdadero escándalo.

Resumen

Considera evaluar el dominio que posees de la competencia comunicativa. Si bien, la competencia lingüística es necesaria, también es de vital importancia dominar el aspecto comunicativo, a fin de cuentas, somos lo que decimos, pero solo perdura lo que escribimos.

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