Por qué publicar en Amazon te abrirá las puertas de las editoriales tradicionales

Por qué publicar en Amazon te abrirá las puertas de las editoriales tradicionales

Ray Bolívar 

Publicar no es un juego de niños. A primera vista puede resultar sencillo, pero no hay que dejarse engañar por las apariencias. Labrarse una carrera de escritor es un asunto complejo que demandará nuestros mejores esfuerzos y aún así, no está claro si lo conseguirás.

Para empezar, necesitas escribir un libro. No estoy hablando de escribir un libro cualquiera, necesitas un libro excepcional, diferente, un libro rabioso que grite al mundo sus verdades, un libro con el don de la palabra, capaz de despertar la atención de los lectores y seducirlos. No importa si lo aman o lo odian, lo importante es que deje una huella profunda.

Créeme, solamente escribir un libro memorable demandará un esfuerzo enorme. Asumo que conoces el camino para estructurar una obra con estas características por eso no profundizaré en este tema, hoy hablaré de cómo publicar en Amazon te abrirá las puertas de las editoriales tradicionales.

Tengo una novela escrita y no sé qué hacer con ella, las editoriales me rechazan y entonces…

Nada de pánico. Supongamos que tienes un gran texto. La obra seduce al lector, lo pone cabeza arriba ¡felicitaciones estás a punto de convertirte en la próxima J. K. Rowling Crees fervientemente en tu trabajo. Algunos de tus lectores cero han alabado tu trabajo y, modestia y aparte, el trabajo es bueno. Sin embargo, lo único que recibes de las editoriales son rechazos. Cartas y más cartas de rechazo, desalentadoras. Los emails no tienen mejor suerte. Cada vez que recibes un email de una editorial te sientes peor porque la respuesta siempre es la misma: “Lamentamos comunicarle que su obra no se ajusta a nuestro catálogo editorial y bla bla bla…”.

Si me rechazan tanto será que la obra no es tan buena (aquí es cuando empieza la ansiedad y a veces el pánico)

Una vez, una amiga entró en pánico en el Rodilla porque había recibido 170 negativas. Me citó un sábado a merendar. Eran cerca de las seis. Estaba nerviosa cuando llegué. Me dijo que abriera la carta, ella no se atrevía.

—En serio no te atreves?

—No. —Esa fue su respuesta. A pesar de que adoro el drama no soporto las escenas dramáticas en la vida real. Rasgué el sobre y leí la respuesta. Mi amiga me agarró del brazo.

—¿Qué dice?

—Me estás haciendo daño con las uñas.

—Perdona, no me había dado cuenta.

—¿Por qué no terminas de tomarte la caña? Además, siéntate. —Se había puesto de pie.

—¿Me vas a decir de una puta vez que dice la carta?

Se lo dije y se echó a llorar. Luego, de repente se levantó muy nerviosa. Estaba muy agitada y empecé a preocuparme. No paraba de moverse. Me dijo que se estaba muriendo y tuvimos que salir a caminar. Después de hora y media paseando y tras 5 mg de Valium que le administraron en Urgencias, se le pasó el ataque de pánico.

"...Si no quieres terminar con el corazón en la boca y con un estado de ansiedad constante hazme caso y tómate las cosas con calma...".  

El 99.9% de los textos son rechazados por las editoriales, ¿cómo solucionamos este problema?

Durante la semana siguiente estuve pensando en una solución. Es un problema que afecta a muchísima gente. El 99.9% de los textos son rechazados por las editoriales. Desde la década de los noventa los editores se comportan de forma errática (creo que desde antes). Dejan escapar libros innovadores porque no son —según ellos comercializables—, me gustaría saber qué pasaría hoy con El Ulises de Joyce; publican textos mediocres, insufribles, llenos de mercurio, pesados como un plomo solo porque sus autores son presentadores de televisión, actores, actrices, tal parece que el siglo XXI sufre una diarrea de presentadores de televisión que de repente descubren su vocación literaria y se lanzan a la aventura. Detrás de sus intenciones hay una ola grande con un billete de 500 euros en la cresta. Sin duda a mí también me gustaría estar montado en esa ola, pero sigamos con la historia.

En fin, estuve pensando durante varios días hasta que se me ocurrió una solución. Llamé a mi amiga (ahora estaba con depresión). Hablamos durante más de una hora hasta que la convencí.

—¿Estás seguro de que esto dará resultado?

—¿Muy seguro? —Esa fue mi respuesta.

Durante la semana siguiente construimos un blog y ella redactó un par de artículos. Al principio tuve que ponerle las pilas.  

—Deberías escribir más y compartir más artículos en tu página de escritora de Facebook.

La red de Mark Zuckerberg es una especie de entidad demoníaca benévola en la que se vierte todo el odio del mundo. No obstante, tiene la gran ventaja de convertir nuestro trabajo en un imán que, con un poquito de esfuerzo, puede llegar a millones de lectores.  La respuesta de mi amiga fue muy desalentadora. 

—Pasarán de mí. —Entonces fui muy claro.

—Si quieres ser escritora necesitas escribir artículos que impacten a la gente.

—Mira, Ray. Eres muy bueno y todo eso, pero te digo que la gente pasará. —La agarré por el brazo.

—Nada de eso. Hay un montón de gente que lo ha hecho.

—¿Quién?

— Federico Moccia. —Conocía la obra de Federico desde hacía años. Su trabajo no tenía nada del otro mundo, salvo por una cosa. El hombre sabía crear historias de amor conmovedoras, en ocasiones lacrimógenas y esa es una mezcla que resulta tremenda explosiva para los adolescentes. No en balde se desvivían por comprar sus libros los adolescentes y también los no tan adolescentes.

—Ese es italiano.

—Blue Jeans es español y lo consiguió. —Blue Jeans es el imitador número uno de Federico Moccia en nuestra lengua. 

—¡Ay!, por favor, Ray. ¿Por qué no lo dejamos? —En ese momento lo supe. Comprendí que tenía que ayudarla más y se lo dije.

—Si no confías en ti yo sí confío.  —Por experiencia, sé que los escritores padecen en ocasiones desórdenes nerviosos de todo tipo, ansiedad, miedos, autoestima baja, bipolaridad. Los escritores suelen ser muy especiales, observadores, inteligentes y con una alta sensibilidad. Diría que es un regalo del cielo, pero me temo que es un regalo envenenado. Si tienes una gran sensibilidad para disfrutar los momentos más placenteros también tendrás una gran sensibilidad para experimentar el dolor.

Ese día no fue bueno para nosotros. Discutimos y nos distanciamos un par de semanas. Entonces un día de repente me escribió un guasap. Recuerdo que era sábado. Estaba ocupado en otras cosas así que no leí el mensaje hasta dos horas después. A eso de las doce de la noche.

—Ray, me ha pasado una cosa muy curiosa. ¿Puedes llamarme? —La llamé de inmediato.

—Hola, Celia. ¿Cómo estás? —El nombre es ficticio. Después de los saludos pasó directamente al tema.

—¿Te acuerdas que me dijiste que escribiera un artículo?

—Sí, claro.

—Y ¿te acuerdas que me dijiste que tenía que escribir más?

—También.

—Pues te hice caso.

—¿Y?

—He ganado varios seguidores.

—¿Cuántos?

—No estoy segura.

—¿Cuántos? —Insistí.

—Pues, lo miro. Un momento. —Esperé unos instantes hasta que se puso de nuevo al teléfono.

—Pues mira, son unos trescientos. —No lo podía creer.

—¿Trescientos seguidores?

—Pero eso no es todo. Tengo varios comentarios en el blog. Uno de ellos es muy ofensivo, pero un par de ellos son muy bonitos.

—¿Qué te dicen?

—Básicamente que les encanta mi trabajo y me animan a seguir escribiendo. —Sus resultados me sorprendieron. La felicité y prometí visitarla al día siguiente. Y eso hice. Mientras revisaba Mailchimp, me di cuenta de que su comunidad de seguidores había aumentado considerablemente.

—Oye, Celia. ¿Has visto esto?

—¿El qué? —Se acercó a mí con una taza de café humeante.

—Los suscriptores de tu blog. Tienes alrededor de ciento veinte. ¿Has hecho algo?

—Nada que yo sepa.

—Creo que estás lista para que una editorial te publique.

—Paso de las editoriales de autoedición.

—Estoy hablando de una editorial tradicional. —Los ojos de Celia centellearon.

—¿Qué dices?

—Lo que oyes.

—Vamos a publicar tu novela en Amazon.

—¿Para qué?

—Ya lo verás.

Durante los siguientes quince días preparamos la publicación de su obra. Luego hicimos varios artículos para generar expectación. Celia no tenía dinero para invertir en publicidad así que no creamos ningún anuncio, pero sí publicaba cada tres o cuatro días cuentos, frases divertidas y fragmentos de su novela. Cuando consiguió 300 suscriptores en su blog decimos publicar la novela en Amazon.

Mi amiga estaba muy nerviosa porque suponía que iba a ser un fracaso, pero no. En los primeros treinta días la obra vendió un promedio de 4 libros diarios y luego fue descendiendo paulatinamente hasta que después de dos meses no vendía absolutamente nada. A pesar de que inició muy bien, al cabo de dos semanas aparecieron opiniones negativas en Amazon. Algunas eran muy agresivas. Entonces me volvió a llamar. Y mi respuesta fue la misma que dos meses antes.

—Ahora ya estás lista para publicar con una editorial tradicional. —Mi respuesta la descolocó porque no dijo nada. Se limitaba a escuchar hasta que ya no pudo más.

—Pero ¿estás loco? ¿Por qué crees que una editorial tradicional me va a publicar? Es una locura. —La interrumpí.

—Las editoriales son un negocio. Sobre todo, las grandes editoriales. Puede que una editorial pequeña desee publicar tu libro, pero necesitas que tu libro le guste al editor. Si no le gusta estarás perdida.

—¿Y eso qué?

—Muy sencillo. Para publicar con una editorial necesitas ser interesante para las editoriales.

—Ray, por favor. ¿Puedes hablar claro de una vez? —Se notaba la frustración en su voz.

—Lo primero es analizar los comentarios negativos. Quizá podamos sacar alguna enseñanza de ellos.

—Paso de los comentarios.

Por experiencia sabía que era necesario revisar cada comentario de los lectores. A veces detectaban problemas que el escritor pasaba por alto. Dos o tres comentarios coincidían en que el inicio era flojo. La realidad distaba mucho de las opiniones, el inicio no era flojo. Había trabajado con Celia durante dos meses para conseguir un inicio potente. Todos los escritores saben que se deben evitar los inicios flojos, blandos, explicativos. La verdad es que me extrañaba el comentario. Hice lo único posible en estos casos, revisar otra vez el inicio y estaba bien.  

A los dos o tres días, Celia me comentó que seguía recibiendo comentarios negativos relacionados con el inicio. Entonces compré el libro digital y horrorizado, comprobé que el inicio era un desastre. Al parecer, Celia había subido por descuido, una versión con errores. Solucionamos el problema enseguida. Además, le aconsejé que pidiera disculpas a sus lectores a través de su página de Facebook y también en el blog.

Un par de seguidores contestaron que agradecían el gesto y decidieron comprar el libro. Al día siguiente, una seguidora escribió lo siguiente en el Facebook.

“…Iba a poner una opinión negativa sobre el libro, pero el inicio ha cambiado tanto que ahora tiene muchísimo sentido y mola. ¡Te felicito, Celia! Se lo diré a mis amigos.

Hasta ese momento, el libro de mi amiga tenía solo 12 opiniones. Los días siguientes la situación mejoró. Y luego, poco a poco las opiniones fueron aumentando hasta llegar a 50. Celia no se lo creía y yo estaba muy contento, la verdad. Para esa fecha ya tenía alrededor de 1500 seguidores. Publicaba un post a diario en Facebook y un artículo semanal. La gente respondía porque abordaba temas interesantes con naturalidad.

A los pocos días, insistí en el tema de publicar con una editorial tradicional. A Celia no le gustaba nada la idea.

—¿Por qué vienes ahora con eso?

—Porque te conviene.

—No lo veo.

Tras mucha insistencia conseguí que empezará otra vez a contactar editoriales tradicionales.

—¿Tú estás seguro de esto?

—Muy seguro.

No pasaron ni cuatro semanas cuando me dio una alegría.

—Ray, me han respondido dos editoriales. Les interesa el manuscrito.

—¿En serio?

—Sí. —Celia no cabía en sí de la alegría.

—Lo que no entiendo es cómo lo conseguiste.

—¿Cómo conseguí qué?

—Pues que me cogieran tan rápido. ¿Se te olvidó que había recibido 170 rechazos?

Lo pensé un minuto antes de contestar.

—En realidad no recibiste 170 rechazos, recibiste 170 respuestas sobre la manera incorrecta de presentar tu manuscrito.

—¿A qué te refieres?

—Bueno, antes no tenías blog ni página de Facebook.

—Sí.

—Tampoco tenías seguidores y la novela no estaba publicada. ¿Te has fijado en la cantidad de opiniones que tienes en Amazon? —Entonces lo comprendió. Yo seguí explicando.

—Un libro necesita conectar con el lector y un escritor necesita una comunidad de lectores interesada en el libro y suficiente presencia en las redes como para no pasar desapercibido.

—Pero tampoco tengo tantísimos seguidores.

—No se trata de tener tantísimos seguidores sino del efecto conjunto.

—O sea, ¿soy atractiva ahora porque me conoce la gente?

—No, no exactamente. Eres atractiva porque tienes la prueba social. La gente te sigue porque tu libro funciona.

—¿Estás seguro?

—Muy seguro. Pero dejemos que más personas opinen.

Eso fue lo que le dije a mi amiga ayer y hoy publiqué este artículo. A ver qué opinan los demás.

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Responses

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  1. El artículo me encanta. Sé que todo lo que dices es cierto pero me aterroriza cuando llegue ese momento para mí. Aunque, ¿sabes?, estoy segura de que me empujarás igual que a tu amiga. Gracias y felicidades.

  2. El escritor actual tiene que interactuar con el lector a través de las redes sociales. Esa comunidad de lectores es algo así como su trampolín hacia el gran público. Amazon es un buen filtro que criba manuscritos y facilita el trabajo a las editoriales tradicionales. Muchas gracias por tu artículo Ray.

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Ray Bolívar
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